jueves, 14 de junio de 2007

Para ti


Silencio. Una mirada, un parpadeo… todo está demasiado oscuro para ver si sonríes o no. Aún así no puedo evitar mirarte. Segundos después un beso, tus labios con los míos, mis brazos rodeándote…


Tantas cosas que decir, tanto que aclarar… pero no es el momento de hablar, no por ahora. Mis ojos buscan los tuyos, y un ligero rubor aparece en tus claras mejillas.


Un momento para respirar: nuestros labios se separan pero nuestras manos siguen entrelazadas. Tu mirada rechaza tímidamente la mía mientras bajas la cabeza. Fuera el mundo sigue igual, el frío del invierno contrasta con el ardor y el candor de nuestras miradas; la dureza del frío no tiene parangón con la suavidad de nuestros besos…


Una sonrisa aparece en mi cara, un gesto de ligera preocupación en la tuya. Sé lo que piensas, sé lo que sientes, pero decides abandonarte a un cariño que yo ya sabía que era sincero.


Tantas cosas que decir, tanto que aclarar… pero no es el momento de hablar, todavía no. Me preguntas con la mirada qué ha pasado, qué significa ese beso, y como no sé contestarte con palabras busco en el silencio de tus labios la dulzura que mis frases no saben explicar.


Un león despierta dentro de mí, y sólo tú consigues apaciguarlo, porque este hielo se funde con tu piel, porque estas piernas tiemblan ante tus ojos verdes.


Soy consciente de que ha cambiado totalmente la situación, que por fin esas confesiones que te hacía te tienen a ti como protagonista, que ya no podré seguir adelante y olvidarlo todo. Pasan unos segundos y estamos en silencio, pero no importa. No es un silencio incómodo, no tenemos nada que decir, basta con disfrutar de la compañía de quien tenemos al lado.


Es curioso… jamás imaginé que tus ojos pudieran ser todavía más bonitos hasta que los vi a un centímetro de los míos, nunca tus manos me resultaron tan delicadas y jamás tu sonrisa me hizo sentir lo que siento a tu lado.


Tantas cosas que decir, tanto que aclarar… pero no es el momento de hablar, aún no. Tememos romper con nuestras palabras la magia que nuestros besos han dejado en el ambiente. Mis manos recorren tu espalda en un abrazo que se antoja eterno.


- Es muy tarde – dices – Mañana hay que madrugar, vámonos.


Ojalá pudiera detener ese instante en el que el reloj me sonríe burlonamente diciendo que el amor ha de esperar. Todo es especial, sin embargo tenemos la impresión de que ninguno de los dos podrá evitar sentir algo extraño cuando la soledad de nuestras camas nos haga preguntarnos si volverá a ocurrir algún día o no. Y con un “te quiero” y un beso en aquel portal queda sellado el momento más bonito que jamás habíamos vivido.