martes, 8 de septiembre de 2009

El manual




"Mis labios borrachos de sed ya no quieren beber veneno."

"Y por buscarte en los teja'os he acabado en el suelo."

"No me jode por los sueños. Me jode por los inviernos, que parecían primaveras..."


"Y me he quedado por el suelo, a solas conmigo, leyendo el manual de los olvidos."


La Fuga - El Manual

domingo, 6 de septiembre de 2009

Tiempo


"El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto"


(Charles Chaplin)

sábado, 5 de septiembre de 2009

Mucha sabiduría


Hay mucha sabiduría en este pequño párrafo. Lo puse ya hace mucho tiempo, pero está cobrando cada vez más importancia en estos momentos.

“Entre todos nuestros años hay un momento en que la vida parece que se nos simplifica y dejamos de consultar las líneas de la mano y empezamos hasta a releer a nuestros poetas favoritos, incluso a veces nos lanzamos a escribir algunos versos. Y lo bueno del caso es que no nos sucede una ni dos veces, nos sucede muchas veces... siempre volvemos a amar...”
Shakira

jueves, 3 de septiembre de 2009

Un corazón en ruinas

Entré en casa después de un mes de vacaciones. Volvía de mi viaje con ilusión y alegría, pero nada más ver la fachada supe que algo no iba bien. Tal vez era la ausencia de ese canto de pajarillos que siempre me acompañaba al cruzar el jardín, o que los árboles daban más sombra de lo habitual.

Metí la llave en la cerradura, pero ésta se negaba a dejarme entrar, mi propia casa me producía extrañeza. Tras forcejear un poco me abrí paso al recibidor, donde encontré un sobre con mi nombre. Abrí el sobre y reconocí al instante la letra de las manos que seguramente habían escrito aquella nota. Decidí leerla luego de descalzarme y cambiarme de ropa.

Al cruzar el recibidor y pasar al salón encontré todo destrozado: el sofá donde veía siempre películas, la guitarra que acababa de comprar para aprender a tocar… todo estaba roto.

Pasé a la cocina y descubrí que nunca más iba a poder hacer de cocinillas con las crèpes, las ensaladas de tomate y atún y ese calabacín frito que solía cenar.

De pronto me invadió un miedo terrible. Subí corriendo a la habitación, y había signos de violencia en todos lados. Quienquiera que hubiese estado en mi casa sabía que yo guardaba algo de lo que no estaba dispuesto a desprenderme, pero yo creía que su escondite era inexpugnable.

Con miedo abrí la trampilla donde guardaba el secreto de tener aquella maravillosa mansión, el secreto de los jardines inmensos y la buhardilla por la que por la noche mejor se veía la luna, y descubrí que me lo habían robado. Alguien había descubierto mi secreto y lo quería para sí, dejándome sin nada.

Fui revisando las estancias una a una, y cada vez me sobrecogía más.

Derrumbado salí fuera de la casa y me eché a llorar. Mi casa estaba en ruinas, después de tantos años de trabajo, después de haber invertido toda mi ilusión en construirla y tras muchas sonrisas vividas en ella.

Al romper a llorar recordé el sobre, y al abrirlo descubrí que yo mismo había escrito: “levántate, mira lo que era tu casa y decide si quieres restaurarla o tirarla abajo y empezar una casa nueva, pero seguir de brazos cruzados no servirá de nada”.

martes, 11 de noviembre de 2008

¿Cuento de Navidad?




El primer copo de nieve cayó justo sobre la palma de su mano y se fundió al instante. Nora sabía lo que eso significaba: había llegado la Navidad. No la de mentira que se anuncia en la tele, sino la Navidad verdadera: la de la alegría, la de las bolas de nieve y los trineos.
Lo mejor de la Navidad era no tener clase y poder jugar todo el día con sus amigos, ver la calle blanca y poder pasar el día en la calzada porque con tanta nieve los coches no pueden pasar.
Nora elevó sus ojos grises hacia el cielo y comprobó con gozo que estaba nevando de verdad.

El primer copo de nieve cayó justo por delante de la ventana de su despacho. Julián sabía lo que eso significaba: había llegado la Navidad. Juguetes, golosinas, balones... la multinacional de la que era accionista iba a hacer su agosto en pleno diciembre.
Ya estaba todo preparado: hacía meses que los empleados de las fábricas estaban haciendo horas extra hasta casi quedar extenuados para poder triplicar la producción, los chavales que iban a formar parte de la "campaña de Navidad" (un buen invento del jefe que consistía en contratar a gente inexperta para pagarles una miseria) estaban listos y los niños ya habían sido bombardeados con publicidad durante meses.
Julián elevó su vista al cielo y comprobó con avaricia que estaba nevando de verdad.

El primer copo de nieve cayó justo en medio de su enmarañada barba, Miguel sabía lo que eso significaba: había llegado la Navidad. Realmente no sabía si se escribía con b o con v, abandonó pronto los estudios para buscarse la vida como mozo de almacén, camarero o lo que se pusiera por delante. Pero ahora no tenía trabajo. Realmente no tenía nada más que un par de mantas con las que se cubría por las noches, las cuales guardaba en el puente debajo del que dormía.
Lo peor de la Navidad era no saber si el frío la convertiría en la última para él...
Miguel elevó sus ojos legañosos al cielo y comprobó con miedo que estaba nevando de verdad.

¿Feliz Navidad?

viernes, 19 de septiembre de 2008

Repaso mis lecciones delante del espejo...




Repaso mis lecciones delante del espejo, y le digo que a la larga lo bueno es lo correcto...

Así empieza una canción de La Oreja de Van Gogh, y creo que tiene mucha razón. A veces duele tomar una decisión aunque sepamos que es lo correcto, pero al fin y al cabo hay que ser capaz de tomarla.

Seguro que muchos hemos estado en situaciones así, en una situación a la cual hemos llegado realmente sin saber cómo, y que nos plantea tal conflicto interno de sentimientos que se antoja imposible pensar con frialdad.

Hoy me he sentido orgulloso, muy orgulloso. Te he visto por vez primera pensar en ti mismo antes que en los demás, y esto no es algo malo aunque pueda sonar así, porque tú siempre has dado prioridad a aquellos que te rodeamos. Hoy te tocaba decir: aquí estoy yo, y eso has hecho. Hoy te has hecho todavía un poco más grande como persona.

¿Sabes? Me he dado cuenta de que tú sí has tenido el valor de hacer algo que yo no fui capaz de hacer cuando la vida me planteó la situación. Me he dado cuenta de que tú sí sabes lo que quieres y que estás dispuesto a darlo todo por ello, y me he dado cuenta de que eres todavía más grande de lo que pensaba.

Sé que no consigo expresar muy bien lo que intento decir, pero realmente no me importa demasiado. A veces pensar de forma ordenada es muy difícil (y me doy cuenta de que yo no soy capaz de ordenar mis pensamientos solo en mi habitación delante del ordenador y tú sí has sido capaz en una situación mucho más difícil). Por eso cobra más valor todo lo que has hecho, porque yo no fui ni soy capaz.

Saber tomar la decisión correcta por mucho que duela no es tan sencillo. Sentarse hablar cuando tienes un nudo en la garganta es imposible. Sonreir cuando quieres llorar es muy duro. Decir adios cuando te gustaría decir quédate es imposible. Y sin embargo lo has hecho, me has dado una lección de valentía y de pundonor.

No sólo has hecho eso, sino que además has sido capaz de abrirte de nuevo y de revivir todo al contarlo, y no has ocultado lo que sentías porque no te avergüenzas de sentirlo. Eres un gran ejemplo: por saber lo que sientes, por luchar por esos sentimientos, por haber sido capaz de sacar pecho cuando te tocaba y por seguir siendo tan humilde cinco minutos después.

Sólo quería decirte que te tengo que dar la enhorabuena por ser así, y las gracias por la lección que me has dado hoy.

Ánimo.

jueves, 31 de julio de 2008

Te echaba de menos



Te echaba de menos. Echaba de menos estas charlas, normalmente nocturnas y muchas veces furtivas, entre tú y yo. Y es que se me antoja imposible no compararte con ese amigo olvidado al que siempre quieres llamar pero nunca te decides a hacerlo, pero que siempre está dispuesto a descolgar el teléfono y escuchar lo que quieras contarle.

Hoy no es 28, no es ningún día especial, pero ella lo ha convertido en algo maravilloso. No ha hecho nada fuera de lo común, excepto ser ella misma (aunque eso es ya algo excepcional).

No ha habido velas, cenas románticas ni paseos por la playa, pero hoy ha sido un día especial.

Es curioso cómo a veces dejamos de valorar la belleza por resultarnos cotidiana, pero aunque la tenga día a día junto a mí no dejo de asombrarme con cada gesto, con cada sonrisa y con cada mirada de complicidad. Es horrible pensar que un día todo esto pueda llegar a resultarme normal… así que, como ya he hecho otras veces, me dejo aquí un pequeño recado para el futuro, para que nunca olvide lo que amé (y a quién).

Y es que hoy no hemos ido al teatro, no hemos cantado bajo la lluvia, pero hoy ha sido un día especial.

¿Por qué me siento así cuando voy a su lado? ¿Por qué ese sentimiento protector hacia ella? Tal vez no sea ella a quien quiero proteger, sino a mí mismo, protegiendo mi felicidad.

Hoy no hemos dado un paseo en barca por un lago, no hemos mirado las estrellas, pero hoy ha sido un día especial.

No sabría explicar por qué, pero esta sensación de felicidad es tan auténtica que sólo puedo contártela a ti, que siempre estás para escucharme. A ti, que te tenía abandonado. A ti, que prometí escribirte más a menudo y que me prometo de nuevo hacerlo. A ti, que aunque no lo haga, no te importará y seguirás una vez más cuando a mí me apetezca sin preguntar qué hice todo este tiempo, como hacen los buenos amigos.


…*… Que las estrellas son los besos que me das antes de ir a dormir…*…

lunes, 3 de diciembre de 2007

Somos así



Idas, venidas, quedar, clase, academia, prácticas, hacer la compra, estudiar, entrenamiento, partido... supongo que todos tenéis días parecidos. Cada vez tenemos más tiempo, pero menos para nosotros mismos o para aquello que nos gusta. Sin embargo, las cosas más insignificantes son las que nos hacen seguir adelante: un sms, una canción que nos gusta, la serie de televisión que veremos mientras cenamos o el libro que estamos leyendo.

Me conformo con poco, me considero una persona sencilla. Sólo espero no convertirme nunca en una de esas personas que no saben ver que, aunque sea de vez en cuando, hay que sacar algún rato para hacer lo que más me apetezca. Y eso es lo que hago ahora: escribir un poco, que hace mucho que no lo hago, simplemente por el placer de teclear un poco y luego echarle un vistazo a mis pensamientos. Es algo curioso: en la mente las ideas son muy abstractas y es muy difícil parase a analizarlas, pero al escribir es mucho más sencillo ordenar la cabeza.

Esto de llevar un blog me resulta extraño: a veces me da por escribir sin cesar y luego paso meses sin actualizar... la verdad es que no sé por qué, pero si escribo porque me apetece en un momento determinado no debería inquietarme tener esto un poco abandonado.

Por otra parte, a veces recibo muestras de que a la gente le gusta lo que escribo, y en cierto modo me veo un poco "obligado" a dar algo que leer a las pocas personas que entran aquí. Ahora no estoy muy inspirado, pero intentaré dentro de poco escribir algo mejor, me apetece escribir otro cuentecillo.

Gracias a todos los que entráis de vez en cuando.

Leed esto, es precioso:

“Entre todos nuestros años hay un momento en que la vida parece que se nos simplifica y dejamos de consultar las líneas de la mano y empezamos hasta a releer a nuestros poetas favoritos, incluso a veces nos lanzamos a escribir algunos versos. Y lo bueno del caso es que no nos sucede una ni dos veces, nos sucede muchas veces... siempre volvemos a amar...” Shakira

domingo, 26 de agosto de 2007

Quiero ser un niño


De esta manera supe una segunda cosa muy importante: su planeta de origen era apenas más grande que una casa.


Esto no podía asombrarme mucho. Sabía muy bien que aparte de los grandes planetas como la Tierra, Júpiter, Marte, Venus, a los cuales se les ha dado nombre, existen otros centenares de ellos tan pequeños a veces, que es difícil distinguirlos aun con la ayuda del telescopio. Cuando un astrónomo descubre uno de estos planetas, le da por nombre un número. Le llama, por ejemplo, "el asteroide 3251".


Tengo poderosas razones para creer que el planeta del cual venía el principito era el asteroide B 612. Este asteroide ha sido visto sólo una vez con el telescopio en 1909, por un astrónomo turco.
Este astrónomo hizo una gran demostración de su descubrimiento en un congreso Internacional de Astronomía. Pero nadie le creyó a causa de su manera de vestir. Las personas grandes son así.


Felizmente para la reputación del asteroide B 612, un dictador turco impuso a su pueblo, bajo pena de muerte, el vestido a la europea. Entonces el astrónomo volvió a dar cuenta de su descubrimiento en 1920 y como lucía un traje muy elegante, todo el mundo aceptó su demostración.


Si les he contado de todos estos detalles sobre el asteroide B 612 y hasta les he confiado su número, es por consideración a las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?" Pero en cambio preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?" Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil pesos". Entonces exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!"


De tal manera, si les decimos: "La prueba de que el principito ha existido está en que era un muchachito encantador, que reía y quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe", las personas mayores se encogerán de hombros y nos dirán que somos unos niños. Pero si les decimos: "el planeta de donde venía el principito era el asteroide B 612", quedarán convencidas y no se preocuparán de hacer más preguntas. Son así. No hay por qué guardarles rencor. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores.


Obviamente, esto es un fragmento de El Principito, de Antoine Saint-Exupéry, un pequeño cuento que, por no caer en el tópico de decir que todo el mundo debería leerlo, diré que todo el mundo debería estar leyéndolo continuamente.


He estado dándole vueltas a este fragmento en particular: ¿realmente es bueno crecer, hacernos adultos, “ser mayores”? Lo que asociamos a la madurez es muchas veces la pérdida de la inocencia, y eso es algo terrible. Si leo estas líneas dentro de muchos años no me gustaría haberme convertido en un gruñón que no hace más que preocuparse por el trabajo, sino darme cuenta de que he seguido viviendo según lo que pensaba cuando tenía 20 años.


A veces me sorprendo a mí mismo mirando a un niño de 4 años y diciéndole a la persona que tenga al lado: “de mayor quiero ser como él”. ¡Pero es cierto! La mentalidad “adulta” (disculpadme por llamarla así, sé que es una generalización poco correcta) pensaría que quiero pasarme el día vagueando, durmiendo y esperando a que me sirviesen la comida. Sin embargo, yo en ese niño veo felicidad, veo ilusión en las cosas más pequeñas (un coche de juguete y un poco de tierra son capaces de hacer maravillas en una tarde de verano) y una forma de entregar su cariño a los demás indiscriminadamente que me conmueve.


Imaginad llegarle a un hombre trajeado y decirle “Hola” por la calle. Como máximo os mirará sorprendido y devolverá el saludo. Pero el otro día le dije hola a un niño de 4 ó 5 años que había jugando en un parque y me sonrió y me dijo: “estoy jugando con el camión” y acto seguido me tendió su juguete para que lo viese. Esa es la actitud a la que me refiero cuando digo que todos deberíamos ser niños.


Ojalá fuésemos capaces de dejar de lado nuestros prejuicios y entregarnos a la felicidad del mismo modo que estos pequeñajos.


Sé lo que estáis pensando: al crecer vas teniendo cada vez más responsabilidades, se supone que debes comportarte de forma distinta, tienes cosas urgentes que hacer antes de ponerte a hacer el vago tirado en el césped. Cometemos un gran error: no siempre lo urgente es lo importante. De acuerdo en que hay que trabajar, pagar una hipoteca, un coche… pero ¿dónde guardamos el tiempo para lo importante? Me encanta ver a matrimonios paseando juntos por la calle sin que esto sea porque tengan que ir a algún sitio, sino por el simple hecho de disfrutar el uno de la compañía del otro. ¿El cine es para adolescentes? ¿El parque para los niños? ¿El amor es para los jóvenes…? Por favor, no quiero pensar eso jamás.


Supongo que esto no es más que un pequeño tirón de orejas para el Jaime del futuro, para que nunca desoiga las ideas de nadie, por mucho que ese alguien vaya vestido de payaso o de mendigo, para que no se le ocurra olvidar sonreír, para que disfrute de una puesta de sol como si fuera la primera que ve, para que siga yendo al cine, jugando al baloncesto y yendo a cenar al “McDonald’s”. Y, por encima de todo, para que recuerde que el amor no es sólo para los 20 años, que cuando sea viejito y crea no tener nada, el amor seguirá siendo un motivo para sonreír: el motivo más importante de todos.



QUE TODOS SEAMOS NIÑOS, POR MUCHAS CANAS QUE NOS SALGAN

sábado, 4 de agosto de 2007

Sin miedo


Una canción preciosa: por lo que dice, por lo que representa. Mejor vivir sin miedo...

(Perdón por el tiempo sin actualizar)



Sin miedo sientes que la suerte está contigo
Jugando con los duendes abrigándote el camino
Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido
Mejor vivir sin miedo

Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno
Las calles se confunden con el cielo
Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así
Sin miedo, si quieres las estrellas vuelco el cielo
No hay sueños imposibles ni tan lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir

Sin miedo sientes que la suerte está contigo...

Sin miedo, las olas se acarician con el fuego
Si alzamos bien las yemas de los dedos
Podemos de puntillas tocar el universo, sí
Sin miedo, las manos se nos llenan de deseos
Que no son imposibles ni están lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir

Sin miedo sientes que la suerte está contigo...

Lo malo se nos va volviendo bueno
Si quieres las estrellas vuelco el cieloSin miedo
a la locura, sin miedo a sonreir

jueves, 14 de junio de 2007

Para ti


Silencio. Una mirada, un parpadeo… todo está demasiado oscuro para ver si sonríes o no. Aún así no puedo evitar mirarte. Segundos después un beso, tus labios con los míos, mis brazos rodeándote…


Tantas cosas que decir, tanto que aclarar… pero no es el momento de hablar, no por ahora. Mis ojos buscan los tuyos, y un ligero rubor aparece en tus claras mejillas.


Un momento para respirar: nuestros labios se separan pero nuestras manos siguen entrelazadas. Tu mirada rechaza tímidamente la mía mientras bajas la cabeza. Fuera el mundo sigue igual, el frío del invierno contrasta con el ardor y el candor de nuestras miradas; la dureza del frío no tiene parangón con la suavidad de nuestros besos…


Una sonrisa aparece en mi cara, un gesto de ligera preocupación en la tuya. Sé lo que piensas, sé lo que sientes, pero decides abandonarte a un cariño que yo ya sabía que era sincero.


Tantas cosas que decir, tanto que aclarar… pero no es el momento de hablar, todavía no. Me preguntas con la mirada qué ha pasado, qué significa ese beso, y como no sé contestarte con palabras busco en el silencio de tus labios la dulzura que mis frases no saben explicar.


Un león despierta dentro de mí, y sólo tú consigues apaciguarlo, porque este hielo se funde con tu piel, porque estas piernas tiemblan ante tus ojos verdes.


Soy consciente de que ha cambiado totalmente la situación, que por fin esas confesiones que te hacía te tienen a ti como protagonista, que ya no podré seguir adelante y olvidarlo todo. Pasan unos segundos y estamos en silencio, pero no importa. No es un silencio incómodo, no tenemos nada que decir, basta con disfrutar de la compañía de quien tenemos al lado.


Es curioso… jamás imaginé que tus ojos pudieran ser todavía más bonitos hasta que los vi a un centímetro de los míos, nunca tus manos me resultaron tan delicadas y jamás tu sonrisa me hizo sentir lo que siento a tu lado.


Tantas cosas que decir, tanto que aclarar… pero no es el momento de hablar, aún no. Tememos romper con nuestras palabras la magia que nuestros besos han dejado en el ambiente. Mis manos recorren tu espalda en un abrazo que se antoja eterno.


- Es muy tarde – dices – Mañana hay que madrugar, vámonos.


Ojalá pudiera detener ese instante en el que el reloj me sonríe burlonamente diciendo que el amor ha de esperar. Todo es especial, sin embargo tenemos la impresión de que ninguno de los dos podrá evitar sentir algo extraño cuando la soledad de nuestras camas nos haga preguntarnos si volverá a ocurrir algún día o no. Y con un “te quiero” y un beso en aquel portal queda sellado el momento más bonito que jamás habíamos vivido.

miércoles, 13 de junio de 2007

Síndrome del papel en blanco


Mucho tiempo sin actualizar, tal vez demasiado. Lo achaco a la falta de tiempo, aunque sé que también se debe a la falta de inspiración. A veces pretendemos forzar la máquina, obligarnos a ser siempre geniales, escribir algo que conmueva al mundo… y el error es olvidar que escribimos para conmovernos a nosotros mismos, para saciar nuestra necesidad de comunicación.


Supongo que esto nos ocurre en todos los aspectos de la vida: en muchas ocasiones forzamos ser brillantes, intentamos ser la estrella que más luce, buscamos hacer el comentario más ingenioso o contar el chiste más gracioso.


Pensad en esas personas que tan brillantes consideramos. ¿Cuántos destellos han tenido? Michael Jordan hizo mates espectaculares, fue capaz de poner en pie a millones de espectadores con un giro de su muñeca, pero siempre decía que él buscaba ganar cada partido y divertirse, y esos momentos de brillantez surgían espontáneamente.


Probablemente, si hubiese forzado eso, si hubiese intentado meter la “canasta del Siglo” en cada jugada, jamás lo habría conseguido.


Quizás no sea el momento, hazlo sólo si te apetece, no te presiones, la musa aparece en el momento más inesperado y desaparece en el más inoportuno. Haz las cosas por ti mismo, y no por los demás. Lo más impresionante es que no intentes impresionar a nadie.


“¿Con quién me engañan las musas, que ya no encuentro canciones?


[…]


Busqué en las habitaciones donde habitaba la alegría y una hoja en blanco me dijo que ella no regresaría…”


jueves, 10 de mayo de 2007

Érase una vez...


“Érase una vez…” Así comenzaban todos los cuentos que Yann había escuchado siempre, esos cuentos que los abuelos relataban a sus nietos mientras éstos les miraban con cara de incredulidad, fascinación y estupor al mismo tiempo.


Sin embargo, su cuento no había comenzado así. Su cuento no hablaba de gnomos, brujas, magos, dragones, princesas, caballeros valientes… Un momento. ¿Princesas? ¡Sí, su cuento sí que hablaba de princesas! Y es que esa mirada brillante, esa forma de sonreír, ese gesto con el que pasaba la mano por su cabello para dejar al descubierto unas mejillas sonrosadas y unos ojos verdes capaces de parar el mundo por un instante le hacían pensar que aquella chica debía ser algo parecido a las princesas de los cuentos. Y eso debía ser, porque el colgante de plata que llevaba al cuello con una N parecía digno de la realeza.


Si fuese un cuento, probablemente tendría que luchar con miles de malvados y pasar innumerables peligros por su doncella, pero los cuentos siempre acaban bien: el caballero rescata a su princesa, el amor nace entre los dos y fueron felices y comieron perdices… Ojalá todo fuese así de sencillo: unos espadazos, un par de volteretas por allá, besas a la chica y listo.


Pero, sin malvados a los que ajusticiar ni castillos a los que trepar, esos ojos verdes se le antojaban un muro inalcanzable y un fiero combatiente que, en lugar de amenazarle con afiladas espadas, lo vencía paralizándole las piernas y dejándole sin voz. Incluso perdía la razón por momentos.


Yann pensaba que lo peor de todo es que su cuento y su princesa se quedarían en el “érase una vez”, en la primera página, sería un cuento inconcluso. Un cuento sin final feliz, sin perdices, sin trompetas ni desfiles. Un cuento de páginas en blanco, tal vez mojadas por las lágrimas de arrepentimiento por su cobardía, un cuento que nadie contaría jamás…


Tan sólo era un niño, ¿qué se supone que podría saber acerca de aquello que le oprimía el pecho cada vez que la veía? Ella parecía tan segura, tan inocente, tan risueña… Él, en cambio, sólo atinaba a apartar la mirada ante su ojos y a sonrojarse ante su presencia.


Era una mañana… o un mediodía… ¿realmente le importa a alguien? Cuando Yann estaba jugando con una pequeña peonza que le había regalado su hermano mayor, y se le acercó una niña angelical vestida de rosa, como las princesas de los cuentos y, con una dulzura que Yann jamás habría imaginado en voz alguna, le dijo:


- Soy Nora, ¿puedo jugar contigo?

- Claro - balbuceó – Yo me llamo Yann.


Yann estaba en un estado de ensoñación absoluto, no sabría recordar nada de lo que pasó, excepto que fueron los momentos más felices de su vida.


Entonces fue cuando, sin saber cómo, se encontró besando aquellos labios que tanto ansiaba y acariciando esa piel clara que le robaba el sueño. Decidió atesorar en su mente ese instante por siempre, y nunca perdió esa peonza que ahora se le antojaba mágica.


Al despertar al día siguiente no recordaba nada con claridad, no sabía si lo sucedido el día anterior había sido real. Salió a la calle en busca de Nora, pero no la encontró. Preguntó a todo el mundo y, cuando fue a la puerta de la casa donde siempre la veía, le dijeron que allí nunca había vivido una niña que se llamase Nora, era el hogar de un par de ancianos amables y tranquilos.


Yann volvió a casa, no sabía qué pensar y comenzaba a creer que su imaginación había sido más fuerte que él. Entonces abrió el pequeño baúl donde guardaba sus juguetes y, al sacar su peonza para jugar, vio que enrollado en ésta había un colgante de plata que reconoció al instante, pero esta vez, al lado de la N que siempre adornaba el cuello de Nora, había algo más, y Yann rompió a llorar cuando descubrió que había también una Y y, entre las dos letras, un pequeño corazón.


[… ¿Es la vida realidad o sueño? ...]



jueves, 3 de mayo de 2007

Queda prohibido



Tras bastante tiempo sin actualizar y con esta preocupante falta de inspiración que últimamente me ataca, he decidido poner un poema que hace tiempo encontré y que me encanta, para que al menos tengáis algo nuevo que leer. No es mío, ni siquiera sé de quién es, porque en Internet he encontrado diversos autores. Así que, por no faltar a la verdad, diré que su autor es un gran poeta.

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber qué hacer,
tener miedo a tus recuerdos.


Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.


Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus dudas y mal humor.


Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles sólo cuando los necesitas.


Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.


Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
no creer en Dios y hacer tu destino,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.


Queda prohibido echar a alguien de menos sin alegrarte,
olvidar sus ojos, su risa, todo,
porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.


Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.


Queda prohibido no crear tu historia,
dejar de dar las gracias a Dios por tu vida,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita.


Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.

miércoles, 11 de abril de 2007

El valor - Peter Pan



Hace unos días me llegó un e-mail de Víctor en el que había copiado un fragmento del libro Peter Pan de rojo escarlata, de Geraldine McCaughrean. Trata sobre el valor, y me hizo pensar bastante mientras lo leía, hasta el punto de leerlo dos veces más.



Comencé a pensar si soy o no valiente, si me dejo amilanar por los problemas de la vida o me enfrento a ellos con decisión y, aunque todavía no he sabido responderme a mí mismo, creo haber sacado bastantes conclusiones que me gustaría compartir contigo, que has tenido la amabilidad de entrar y pararte a leer estas pequeñas y carentes de sentido líneas.



El valor no consiste en pelear con alguien más fuerte, o en ser el más intrépido con la bici de montaña, sino en ir con la cabeza bien alta por la calle, no conformarte con poco, tener aspiraciones y metas en la vida, enfrentarte a tus miedos y temores. El valor es, como dice Peter Pan, “desenvainar nuestras espadas y decir: '¡Estás muerto, peligro! ¡No me das miedo!'”.



Seguro que todos recordáis haber tomado alguna decisión importante en vuestra vida, y seguro que todos os habéis sentido inseguros al hacerlo. Las dudas nos asaltan, el miedo al error o incluso la curiosidad de saber qué habría ocurrido si hubiese tomado otra opción hacen que sea imposible saber si acertamos o no. Y yo planteo otra cosa: TOMAR UNA DECISIÓN ES ACERTAR, es enfrentarse a nuestros problemas, a nuestros miedos. No importa lo que ocurra después, siempre sabrás tomar decisiones y te atreverás a seguir tu camino. Lo cobarde es no ser tú mismo, no seguir tus impulsos, olvidar tus sentimientos por miedo al fracaso.



Pero no me confundáis con esto, valor no es enfrentarse en solitario a las vicisitudes que se nos plantean, a veces hace falta mucho valor para acudir a alguien y pedir consejo, atención, ayuda o incluso cariño. Valor es saber en quién podemos confiar y, aún teniendo en cuenta el daño que nos hicieron, tratar a cada persona por sí misma, y nunca por los errores de los demás. Valor es también estar junto a un amigo cuando te necesita (gracias amigos, os debo más de lo que pensáis) y saber aceptar la ayuda que te ofrecen aunque no tengas ganas de levantarte de nuevo.



A veces ser valiente es también saber esperar y escoger el momento exacto para tirarse al agua. Ser valiente no es simplemente lanzarse con todo a por lo que deseamos, hay que ser más inteligente que nuestros miedos y dominar la situación. El miedo y la tensión anulan nuestro punto fuerte: la inteligencia. Por eso, si desenvainamos nuestras espadas como dice Peter, tendremos más armas para ser valientes.



Escribiendo esto pienso en muchas situaciones de mi vida, y seguramente vosotros estéis pensando también en cosas que os han ido ocurriendo, y espero que estéis de acuerdo conmigo. Me han calificado muchas veces como “Idealista”, y la verdad es que me siento bastante orgulloso de ser un poco soñador en un mundo de pesadilla. Tengo claro que los sueños no llevan el pan a la mesa, pero el trabajo no llena el corazón de amor ni el alma de alegría. Como dice Platero y Tú: “Maldigo a todos esos locos que quieren gobernar la vida sin las palabras del poeta y sin las manos del artista”. Y todos estos pequeños desvaríos que salen de mis dedos en forma de mecanografía no son sino mi forma de sentirme valiente ante la vida, mi forma de llevar la cabeza alta y mi forma de creer que a alguno de vosotros os gustará esto cuando lo leáis.


Copio aquí el fragmento del texto, espero que os guste:


"-No todo el mundo puede ser rico -prosiguió Peter-. No todo el mundo puede ser fuerte o inteligente. No todo el mundo puede ser apuesto. ¡Pero todos podemos ser valientes! Si nos decimos que podemos hacerlo; si nos decimos de corazón:
'
No te eches atrás'; si nos comportamos como héroes... ¡todos podemos ser valientes! Todos podemos mirar al peligro a la
cara y alegrarnos de enfrentarnos a él, y desenvainar nuestras espadas y decir: '
¡Estás muerto, peligro! ¡No me das miedo!'
El valor está ahí, para quien quiere tomarlo: no se necesita dinero para comprarlo. ¡No se necesita ir al colegio para aprenderlo! El valor lo es todo, ¿verdad?¿No os parece, chicos? ¿Tengo o no tengo razón? ¡El valor lo es todo!
¡Si perdemos el valor, lo perdemos todo!"



Es un extracto de "Peter Pan de rojo escarlata", de Geraldine McCaughrean.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Sueños

Este es un post que he "robado" de otro blog. Me ha gustado tanto que he decidido ponerlo aquí para que lo lea alguna persona más. Destacar que lo ha escrito una chica de 15 años que parece que ya ha descubierto lo importante en esta vida.

Esta es mi forma de decirte que no cambies nunca, primita.

Para que leáis todos sus post: http://xirbirita.blogspot.com





Lunes, vuelta a la rutina, después de un pequeño desahogo... y todo sigue su rumbo, como todos los días.

Es bonito, el gato, verdad? No simplemente por lo tierno de la imagen, que lo es, sino por lo que transmite. Cariño, pero independencia, no depende de nadie, es feliz porque sí, es capaz de abrazarse a esas pequeñas fantasías que le rodean, y soñar...

Soñar, es curioso, soñar en este mundo de sueños. Pienso que en cierto modo todos vivimos en nuestra pequeña fantasía, nuestro pequeño mundo irreal. No entiendo bien muchas cosas, no llego a comprender los pensamientos de tanta gente, me cuesta llegar a creer que haya personas que no necesiten plantearse todo lo que yo me cuestiono, como puedes no soñar? porque todos vivimos rodeados de ilusiones, de esperanzas, de recuerdos...y al fin y al cabo, eso son sueños, porque son cosas que no viven el presente, que no son de este mundo.

A veces me siento como en una nube, observando todo, pero desde otra
perspectiva. Siempre me he considerado una persona sensata, con ideales propios, siempre con ganas de cambiar las cosas, de hacerlas mejor. Porque sé que para que algo sea distinto mañana, tengo que empezar por cambiarlo hoy. Pero me siento impotente, cansada, distante de las situaciones que se viven a mi alrededor, quizás no soy capaz de vivir otro sueño que no sea el mío...y así, no soy capaz de entender. Es como cuando te hablan del hambre que hay en el mundo, de los niños que son explotados, de todas esas personas que no tienen casa... y yo lo quiero entender, ayudar, cambiar, pero no es posible, porque no soy una de esas personas, y sigo aquí, con mis estudios, mi gente, mi vida... y fuera de esa nube nada cambia para mí. Quizás somos demasiado egoístas para preocuparnos de la felicidad de gente, personas que te quedan tan lejos, que para ti es como si no existieran, porque en un principio no modifican tu mindo, y porque, ante todo, siempre vas tú. Y cada vez queremos más, y luchamos por conseguir premios que nos pone la sociedad.
¿Para qué?¿Para quién?

En esta sociedad todo se reduce a la competición, competimos en busca de esa felicidad, alcanzando metas, ganando, siendo el mejor. Intentando conseguir ser felices, y no todos pueden ganar, porque no todos somos iguales, aunque sería injusto no considerarse de ese modo. Por eso, todo vale, cada uno con sus recursos, mentiras y engaños tan válidos como cualquier otros... siempre compitiendo.

Y aún así, de momento soy feliz, consciente de que no me ha dado tiempo a conocer todo de lo que hablo, que son suposiciones, que todavía no he vivido lo suficiente para darme cuenta de lo que es la realidad, de lo que es ajeno a mi mundo de colores, a mi pequeño sueño... y necesito seguir sabiendo, seguir pensando... robándole tiempo al tiempo, porque va demasiado deprisa, y yo quiero hacer demasiadas cosas...

Después de todo no sé como soy. Paciente, sé esperar cuando es necesarío, intentando valorar la importancia de las cosas... observadora, analizando mi alrededor, escuchando... siempre inconformista, pues siempre hay algo que podría ser mejor, y aunque no busco un mundo perfecto, sí que lo busco mejor.

Y soy como soy por cómo me han hecho las circunstancias, los ambientes, las ideas y pensamientos que me rodean... y sólo pido que nadie me exija lo que no soy, porque hago lo que puedo, habiendo tenido que aprender a ponerme por delante de los demás en algunas cosas, y no ser demasiado generosa en otras... sin dejar de ser mejor persona por ello. Porque el mundo me ha hecho así, y yo he ido creando mi sueño, mi vida...

El silencio


¿Qué es el silencio? ¿La ausencia de sonido? Hoy en día es imposible encontrar un lugar en el que no haya algún ruido, por pequeño que sea. Coches, gente, pasos... es el día a día. Incluso en el paraje más recóndito que podáis llegar a imaginar oiréis el sonido de la naturaleza: los pájaros, el viento, los pequeños insectos...

Aún así, todos creemos saber qué es el silencio. A los niños, desde pequeñitos, se les enseña que hay que estar en silencio, pero no se les enseña qué es el verdadero silencio. Ese silencio no consiste en no hablar, en tener la boca cerrada. Consiste en no pensar, tal vez ni siquiera sentir.

Sin embargo, el silencio existe. Existe en dos miradas que se cruzan en el metro, en la sonrisa de un bebé, en un beso que parece eterno. Silencio es lo que sientes al escuchar la voz de un ser querido, cuando dos personas se miran a los ojos y se dicen todo. Silencio es ese segundo antes de descolgar y descubrir que es ella quien llama, volver a ver a un amigo del que ni recordabas su existencia, o acordarte de aquél amigo al que nunca volverás a ver... Silencio es una lágrima de felicidad, o incluso esa canasta que hace gritar a todo el pabellón. Silencio es la satisfacción de tener la sensación de que todo da igual, de que todo está bien.

- ¿El silencio existe?
- ¿Y me lo preguntas a mí, que te he mirado a los ojos?...